viernes, 11 de julio de 2014

Trabajo muy duro, como un esclavo

A Christchurch (que creo que se pronuncia parecido a Cráischer) vine pura y exclusivamente para trabajar: los trabajos de fruta escasean en invierno, las fábricas se saturan, los centros de ski ya me habían rebotado, y Christchuch, con reconstrucción por delante, y al estar rodeada de farms (o tambos), se convierte en el lugar ideal para el backpacker (mochilero) que necesita plata.

En esta ciudad existe una vía láctea de agencias de subcontrato: AWF, Tradestaff, HAYS, Adecco, Coverstaff, NZ Labourers, ApuraleNegro, etc., etc., etc. Vos llegás, decís que buscás trabajo, que te pensás quedar un par de meses en Christchurch (¿que cómo dijimos que se pronuncia?), y que podés pasar un examen de drogas right now. Si tenés auto propio les caés bien, sino les caés medio mal. Si tenés botas reforzadas genial, sino te dan unas de segunda mano, o te ofrecen unas más baratas, o te indican dónde ir a comprarlas. Básicamente sin botas no hay laburo.



Llenás y firmás mil contratos (quinientos para que tengas vos y otros quinientos para la empresa), completás todo lo mejor que podés, con mucho tatetí, y listo: en cuanto tengan algo para vos, te llaman. Estate atento.

Están los que te bicicletean más y los que te tiran la posta. Los que te consiguen una changa de cuarta y los que de una te meten en una fábrica por tiempo indeterminado. Los que nunca dan señales de vida y los que te atosigan con mensajitos. Con todo esto, para conseguir un buen trabajo, siempre depende de cuánto te muevas y de la suerte que tengas.

Yo me moví limitadamente porque, claro, no tengo auto. Y la bici tardó en llegar. Pero sin mucha espera entré a trabajar como labour hand (o che pibe) con los scaffolders, o andamiadores, o como quieran llamarles: obreros hechos y derechos, con mil similitudes con los paraguayos y bolivianos que trabajan en Argentina: no se les entiende un pito cuando hablan, escupen al piso y piropean a las mujeres (aunque acá no se puede siquiera llamar piropo, son unos tímidos). Y mientras tanto, yo mandaba mails y CVs a diestra y siniestra por fonterra, la página ideal para conseguir trabajo en una farm.

Y conseguí rápido lo que quería: una pareja, simpática y amable, que buscaba a alguien sin experiencia pero motivadísimo como yo, me concedió una entrevista en su farm, un martes a las diez de la mañana. Ahí nomás colgué el laburo de la agencia, me levanté temprano y volé a alquilar un auto. Después de varios traspiés y demoras, terminé con uno que era caro pero lindo, y me mandé a manejar los sesenta kilómetros que separaban la ciudad de la dichosa farm.

Para qué explicar que, siendo la segunda vez que estaba atrás de un volante en Nueva Zelanda, y que si tenía mi licencia de conducir era porque la había pagado, manejé con el culo en las manos y respetando siempre la máxima. No choqué ni atropellé a nadie. Pistié como un campeón, me perdí, llegué al lugar, me presenté, nos caímos bien mutuamente, me mostraron el tambo, y me ofrecieron oficialmente el trabajo. Pero cuando surgió el temita de la pequeña restricción de tres meses de trabajo con el mismo empleador, impresa en mayúsculas en mi visa, todo se vino abajo: necesitaban a alguien hasta enero, no me iban a esponsorear (cosa legal de trabajo acá), y no iban a correr ningún riesgo por mí.

A parte de los casi cien dólares que sufrí en el auto alquilado, el chiste de la entrevista fallida me costó un período de inactividad significativo. Igualmente tuve suerte: una mañana me encontré un puercoespín re bonito, y al otro día me encontré con Mei, una ponja que había conocido en Auckland (sí, lo admito, ella me reconoció, para mí los asiáticos son puro copiar y pegar). Y gracias a su influencia con Noriko (otra ponja), la dueña del hostel Kiwi House donde nos alojábamos, me ofrecieron un trabajo por acomodation. O sea: limpiarles la cocina a la noche y evitar que haya mucho bochinche, a cambio de no poner un peso para vivir ahí. Siendo la única oferta estable y considerando lo caro que es el alojamiento en una ciudad que tiene muchas viviendas y edificios inhabilitados, me hice el que la pensaba, y les dije que sí.

Y así pasó el tiempo hasta ahora: dejé de aplicar a las farms por el momento y empecé a ahorrar para tener un auto y para hacerme un arreglo en un diente (dos cosas que cuestan más o menos lo mismo), trabajé unos días acá y otros allá, como scaffolder y manejando una aplanadora (la felicidad del pibe), por acá y por allá, nada estable. Empecé a considerar los trabajos en Nueva Zelanda como una serie de jueguitos de minijuegos (el picking de kiwis es de esos que tenés que juntar todas las monedas lo más rápido posible; el packing, esos de habilidad que cada vez van más rápido; el de los andamios, ese juego que es una mieda y lo querés cerrar enseguida; el de la aplanadora, el tutorial que va a dos por hora, nunca morís y nunca se termina). Mientras saqué fotos, vi todo Game of Thrones, y actualicé un poco el blog. No del todo. Mientras, acá sigo, suspirando...



Voy a extrañar el trabajo con la aplanadora. Si bien me cagaba de frío porque arrancaba antes del amanecer, si bien la vibración me alteró el metabolismo celular, si bien era incomodísimo sacar fotos mientras manejaba, si bien el celular se me cayó abajo de la aplanadora: los amaneceres y atardeceres que disfruté entre enormes dinosaurios, dinosaurios vivos que podía tocar con la mano y que me podían aplastar en un descuido, son impagables.





Rafa Deviaje.

6 comentarios:

  1. Bien Rafa!!, me encanta que haya vuelto ese humor tan tuyo!!
    Muy divertido! y muy lindas fotos!!

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    1. No sé qué interpretar sobre mi sentido del humor, pero gracias y siga participando!

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  2. hola enano, estuve como media hs escribiendo y como no tengo cuenta de goo... y la p q lo pario, no se me publicó!! En síntesis, soy Anahí, Al fin me puse al día con la lectura, me alegro nene que estés bien, con laburo, cuántas cosas que estás haciendo, cuántas experiencias!!! o ... Que quilombo, yo me hubiese puesto a llorar para que mamá y papá me vengan a buscar!! Me alegró mucho leerte. Por estos pagos se te extraña un poco, un poco nada más, asique no saques pasaje de vuelta (??). A seguir adelante con ese mega proyecto querido, que no hay nada más lindo que hacer lo que a uno le gusta. Te mandamos saludos los tres!!

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    1. Jajaja gracias enana! Gracias por tomarte el tiempo de ponerte al día y comentar dos veces. No te preocupes que no tengo ganas de volver todavía, y si hay algo que extraño es el dulce de leche y el bidet, pero no justifican trucar el viaje a la mitad! Saludo para vos y los otros dos!

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